- Buenos días Señor Juan Pablo, ¿Cómo está usted?
- Somos detectives de la policía y nos gustaría hacerle algunas preguntas, ¿vale?
- ¡Si, como no! Por favor entren y quedense a voluntad.
- Entonces, nosotras sabemos que usted fue quien examinó la victima y constató que ella ya había fallecido a por lo menos una hora cuando la habían encontrado.
- Sí, es verdad, fui yo quien la examinó.
- ¿Nosotras queremos saber por qué usted estuvo en el cine, a qué horas llegó y cuál era la película que estaba pasando?
- Bueno, entonces voy a describir los hechos.
- Recuerdo que estaba lloviendo a mares y que entre en aquel cine porque no tenía otro sitio donde meterme.
- Era domingo, habían dado las diez de la noche y hacía bastante rato que había empezado la película. Me senté en la última fila y lo primero que hice fue quitarme los zapatos, que se me habían puesto perdidos de barro. La película que estaban echando era de amor y salía una chica rubia con un buen par de melones y un fulano que llevaba un sombrero con una pluma y un montón de medallas en el pecho. Un tipo con pinta de príncipe o algo así. Al cabo de un rato me quedé como un tronco y cuando me despertó el acomodador había salido casi toda la gente. Ya estaban encendidas las luces, pero a pesar de todo me puso la linterna a un palmo de la nariz y me preguntó si pensaba que aquel cine era un hotel.
- Me recuerdo que aquel sujeto había me parecido un tanto siniestro, pero aún estaba medio somnoliento y no había dado importancia. Pasado eso oímos un grito que pareció que había venido del baño de las mujeres, entonces, corrimos todos hasta allí para ver lo que había ocurrido. Cuando llegamos, ya estaba lleno de gente alrrededor del cuerpo, además todo estaba ensangrentado y habían algunas mujeres llorando. Como yo soy médico, empecé a examinar la victima, pero ella ya estaba muerta hacía más de una hora, con algunas puñaladas en la barriga.
- Muy bien Sr. Pablo. ¿Y usted ya había conocido la victima antes de que ella hubiera sido asesinada?
- No, seguramente nunca la había visto.
- ¡Entonces, Sr. Pablo, usted está preso!
- ¿Cómo? ¡Ustedes no pueden hacer eso conmigo!
- ¡Ustedes no tienen las pruebas!
- Si, nosotras tenemos.
- Existe un testigo que asegura que había visto ustedes juntos el viernes y que ustedes tenían un envolvimiento y además nosotras encontramos el arma que fue utilizada en el crimen con su huella dactilar.
-¡ No lo puedo creer!
- ¡Vamos hasta la jefatura de policía, que el comisario ya está esperando, pues nosotras ya le habíamos avisado que usted es el asesino!
